12 Oct

Going to California y los días de Victoria

A veces te puedes enamorar de muchas cosas al tiempo en un momento dado en la vida, como si tu corazón estuviera de rodillas y en esa humilde posición pudiera entender algo más del universo que lo rodea. Me enamoré de Led Zeppelin durante los mismos días en que me enamoré de Victoria, y ambos eran mundos tan opuestos como lo es una ruidosa estampida de búfalos del aleteo invisible de una mariposa de verano. Porque, en últimas, el amor es sólo una apertura de tu rango de comprensión hacia el mundo, de lo visceral hacia lo apenas perceptible. Y ahí estaba Led Zeppelin con su batería tumultuosa como un corazón joven lleno de sangre y sueños, acompañándome día y noche, sobre todo con una canción que me hacía pensar en ella. Going to California. “Someone told me there’s a girl out there / With love in her eyes and flowers in her hair”. Sin embargo, en mi caso sería Going to Los Andes, porque en esa universidad estudiaba Victoria y yo la recogía los sábados o a veces entre semana cuando tenía espacio entre clase y clase en la mía, y bajaba de las montañas del Politécnico hasta la séptima, tomaba un bus azul que me llevaba hasta al Centro, donde hay unas fuentes de agua con pequeños pozos de ladrillo y rodeadas de ligeros árboles. Victoria me ayudaba con las tareas de finanzas y economía que para mí nunca fue tan básica, y yo hacía lo correspondiente con sus tareas de literatura y humanidades. La única manera de entender el universo de Led Zeppelin es aceptando que la luz convive con la oscuridad, que el estallido precede al silencio, que la brutalidad camina junto con la inocencia y que los minotauros a veces se coronan de flores. Esa música pasaba de los más suaves momentos acústicos a una batería aporreada sin piedad. Como el amor mismo. La primera vez que supe que Victoria sería el eterno amor de mi vida fue una epifanía, simple y sencilla. Una tarde cualquiera ella estaba comprando frutas en el mercado de su barrio. Todavía me parece verla, camisa verde corta, jeans azules y una pañoleta verde. Estaban llenas las filas para pesar y ella prefirió alzar en una mano una bolsa de azúcar de 2 libras y en la otra su paquete de moras, calculando el peso de la manera más sencilla posible. Definitivamente, a veces te puedes enamorar de muchas cosas al tiempo en un momento dado en la vida, como si tu corazón estuviera de rodillas, de bruces, vacío y sin respirar y sólo desde esa humilde posición pudiera entender algo más del universo que lo rodea, porque desde el barro se ven más claras las estrellas. “Standing on a hill in my mountain of dreams / Telling myself it’s not as hard, hard, hard as it seems”.

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