7 Ene

40 años. 40 putos años

40 años. 40 putos años. De verdad que traté de buscar una tarjeta que dijera: “¡felices 40!”, pero nada. De esos motivos no hay, solo hay hasta “felices 15”. Entonces me toca escribirte mi propia tarjeta que diga algo como: “primito, felices 40 años. Felices 40 putos años”. Yo sé, escribirte esto también es escribirme a mí mismo, porque yo voy detrás de vos. Por eso te entiendo tanto, porque también me da el mismo pálpito. Salomón, el sabio patriarca judío, decía que no era aconsejable vivir más de 60 años; pero igual vivió casi 90… Mi amigo Andrés Caicedo decía que vivir más de los 28 era repetirse; pues se mató a los 29. La idea es encontrar un punto intermedio, es ahí donde está la felicidad, la extraña calma de ciénaga con la que uno termina aceptándose a sí mismo, con sus tuercas, sus atardeceres y sus sin sentidos. Alguna vez te decía (es decir, yo mismo me decía) que el error está en compararse con los demás. Todos somos caballos de carreras que corren a distintas direcciones y por eso no hay meta; no debe haber meta. Algunos corren por una pista viciada por el “status quo”, la familia, el capital, el paso seguro y lo predecible. Otros como vos o yo estamos siempre trazando la pista a medida que la caminamos, a medida que entendemos para dónde vamos, como perfeccionando un paso nuevo. Entonces no nos midamos con los demás, no midamos nuestro esfuerzo con el de otros porque no hay punto intermedio en esa distancia, entre la de ellos y la nuestra. Entonces, sigamos con mi tarjeta: “primito, felices 40 años. Felices 40 putos años”. Yo te entiendo, a veces cuando me miro al espejo me siento como un insecto atrapado en una gota de ámbar, pétrea y cenicienta, donde no entra ni la luz y me he quedado momificado en una eterna infancia, donde sigo organizando los juguetes de He-Man, donde me maravillo con los secretos y oscuridades del castillo Grayskull, donde cada vez que sueño, regreso a la casa de Galerías y en esos sueños las paredes son más claras, tienen más grietas, más texturas y más vida que las reales. En los sueños estoy concentrado en el palpitar de mi vida, en las arterias que me hacen pensar, no tengo el celular a la mano y nadie me molesta. Camino con la soledad de mi sueño. Y sé que a vos te pasa lo mismo, exactamente lo mismo. Como dice esa canción de Pink Floyd, “vos y yo somos almas que nadan en la misma pecera, y año tras año nos hemos dado cuenta que tenemos los mismos miedos”. Y es ahí donde creo que ambos tenemos que asumir este tiempo, estos años de vida que vienen y que pueden ser los mejores, en donde de una forma u otra nos afirmemos en nuestras ideas, mostrar que en algo o en mucho teníamos la razón; que nos demos ánimo, que nos apoyemos, que dos soledades siempre son más que una y que podemos triunfar a nuestro modo. No al modo de los demás, sino como dice Sinatra, a nuestro modo porque todavía queda mucho por decir. Y si fracasamos, entonces que sea en grande y valga la pena. Dicho esto, y como no había otra forma de expresarte mi abrazo de cumpleaños, cambiemos el título de la tarjeta por: “primito, felices próximos 40 años. Felices próximos 40 putos años”.

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