2 Sep

La entraña del cuervo

Las raíces de la noche y el miedo

Uno de niño tiene sus héroes. También sus fantasmas. Y esa suma de héroes y fantasmas es la que constituye ese rostro extraño y ajeno que nos devuelve el espejo al cabo de unos años.

Puedo decir que uno de mis primeros héroes fue Poe. De hecho, siempre sentí amistad en los libros suyos y los de Mark Twain, Chesterton y sobre todo Wells. Son clásicos y están vivos y palpitantes, del modo en que lo sintió Ortega y Gasset: a pesar del tiempo, siguen cuestionándonos y no los hemos digerido por completo. Esa dulce magia que recorre las páginas y los ríos en la noche de Hucklberry Fynn, todavía no me abandona ese sentimiento de potros en plena libertad o de selva al atardecer. En cierto modo, los sigo repasando.

Poe es uno de esos autores que son muchos libros, y por eso envejecen con uno. Envejecen con cariño y suavidad. Es cierto que ya uno no puede recuperar el asombro de la primera lectura del Murders in the rue morgue, pero sigues amando el argumento y en especial, la disquisición sobre el ajedrez en su prólogo.

Es imposible no querer a Poe. Alguna vez escribía que quienes leen a Shakespeare y quienes no, constituyen dos especies distintas. Con Poe es similar. Charles Lamb aseguraba que los miedos son preternaturales, existen antes que el hombre, que cualquiera de nosotros.

Leyendo a Poe salen a la superficie esos miedos preternaturales y los comprendes, los compadeces. Ese es mi agradecimiento a Sade, Lautreamont, Baudelaire y en especial, a Edgar A. Poe: reflejan ese rostro que no devuelve el agua y el cristal; el rostro que fue forjado con los tendones del miedo desde el comienzo de los tiempos.

 

Mi nombre es Legión

¿Quién es Poe? ¿Esencialmente… qué es Poe?

En realidad, Poe, siguiendo el dictamen de la respuesta del demonio a Cristo, es una verdadera legión. Poe son muchos hombres.

Es un niño obsesionado con el firmamento y el movimiento de las estrellas, mientras sus padres practican comedia barata en el cuarto. También es un monstruo alcoholizado que recorre las calles de la New England, como Dante recorrió poseído de infierno y amor las suyas en Florencia. Es un científico frustrado, fervoroso de Humboldt, quien nunca le contestó su dedicatoria de Eureka. Hay un hombre temblando de amor en la cama vacía de su novia muerta. Es Poe. También lo es el extraño personaje que camina por cementerios y sus contemporáneos, fieles a sus supersticiones calvinistas, creen que habla con muertos. Un editor detestable hasta el cansancio, capaz de acusar de plagio al mismo Longfellow para luego tener que retractarse. Todos ellos juntos son Poe. Y ninguno enteramente lo es.

Hay un libro increíble, titulado Florecimiento de Hombres Geniales en Nueva Inglaterra, donde a la par con Whitman, Thoreau y Emerson, sitúa a Poe en este alto renglón de la inteligencia pura.  Pero a diferencia de Whitman y sus poesías democráticas, Poe fue una triste celebridad entre sus contemporáneos. El mismo Walt Whitman dijo de él, que simplemente era un buen ejecutante de las notas graves del piano, refiriéndose a la oscuridad y melancolía de sus narraciones. También las declaró poco democráticas. Emerson fue más duro aún. En alguna de sus conferencias despreció la música interna de los poemas de Poe, sus aliteraciones y rimas, llamándolo “a jingle-man”. Sin embargo, en Francia lo adoraron Mallarme y Baudelaire, de quien se dice le rezaba todas las noches.

En un prefacio hermoso, Charles Baudelaire, en su tono propio de francés del siglo 19, dice que Poe le quedó grande a Estados Unidos, una nación ingenua y entorpecida por el consumismo y su sentido del tiempo. También Lovecraft lo entronó como la primera deidad de toda la imaginería diabólica del nuevo siglo.

Medio siglo después, Borges en su ciclo de conferencias (una de ellas, absolutamente hermosa, dictada en la Universidad de los Andes) reivindicó la figura de Poe en un ensayo sobre el cuento policiaco, basándose en la Estética de Croce, demuestra como el genio americano inventó a sus lectores para poder inaugurar el relato policiaco, el cual es más un genero de la inteligencia, como el ajedrez, que uno de la literatura misma.

Sin embargo, las aproximaciones a Poe que son más de mi gusto, y más pertinentes a este ensayo, como se verá luego, son la de Julio Cortazar y la de Piedad Bonett. Ambas coinciden. Cortazar define a Poe como la representación de lo dual, de la antítesis hecha hombre. Y complementando, Piedad Bonett habla de su experiencia con Poe. Me permito rescribir el fino y delicado cierre de su prólogo a la traducción de The Raven, que sea dicho, es de las mejores y más limpias traducciones que se han hecho en nuestro país: “traduciendo a Poe, fui desdichada y feliz, cerebral y apasionada, y viví con emoción las incertidumbres de la escritura. Espero, humildemente, no haberlo traicionado”.

Esas son muchas de las versiones de Poe para quienes le conocieron o leyeron.

Para mí, sencillamente es un amigo de la infancia que se resiste a morir, a cerrar la página.

 

Hacia la entraña del cuervo

¿En qué piensa Poe cuando escribe La Caída de la Casa Usher?, ¿o El Escarabajo de Oro, su primer premio literario? Incluso, cuando escribe en The Raven una de las mejores líneas de toda la literatura americana: “and his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming”. Entre el interno maelstrom de droga y alcohol que le consume como un fuego, ¿en qué piensa Poe?, ¿cuál es su inspiración? Hemos llegado a la entraña del cuervo, al proceso creativo de Poe.

Sería injusto de mi parte y apresurado, decir que corresponde toda su creatividad a un mismo dictamen. Antes de llegar a los mismos principios y filosofías de composición que dejó Poe, a su poética en el término más aristotélico de la palabra, revisemos la obra de nuestro genio americano por sus propios géneros y tendencias, ya que cada una tiene sus propios leitmotiv, su propia lógica de desarrollo.

Para Poe el sentido de unificación en la obra era lo más importante. Por eso su género predilecto fue la narración, ya que cada palabra tenía su precisión y justificación, casi al punto de la literatura profética de San Juan. En este género, encontramos diversas tendencias:

Terror por alteración de la lógica: un ejemplo es la Caída de la Casa de Uscher, en el que las piedras y el moho resultan consustanciales con la personalidad de los dos hermanos. Igualmente sucede en Guillermo Wilson y el tema del doble. Un buen ejemplo del terror por alteración de la lógica matemática se encuentra también en Tigres Azules de Borges y en toda la obra de Lewis Carroll.

Relato policiaco: la inteligencia prevalece sobre la acción misma, como sucede en los Asesinatos, la Carta Robada, el Escarabajo de Oro y el Misterio de Marie Roget. El personaje de Auguste Dupin deduce la solución a crímenes imposibles a partir de razonamientos filosóficos aplicados a la realidad criminalística.

Relato fantástico: a diferencia de la primera tendencia, Poe revoluciona la lógica misma para desarrollar una nueva. Es el ejemplo de la naturaleza del agua, casi de goma arábiga y en franjas albiazules, del Arthur Gordon Pym. Al fin y al cabo, Poe siempre tuvo un interés desmedido en los descubrimientos científicos de la época.

Alegórico / Simbolista: el mejor ejemplo de ello es La Máscara Roja, un relato lleno de símbolos y oscuras implicaciones sobre la peste y el aislamiento social. Mallarme abundó en ese tipo de relatos y apoyó a Poe desde la corriente del simbolismo.

Obsesivos: cuando Poe perdió a su primera esposa, llegó a creer en sus terrores como algo constante. De hecho, en Berenice, El Gato Negro y Leonora, los personajes matan lo más amado para ellos, puesto que un detalle los obsesiona. Freud habla mucho de eso como fijaciones mentales. Pienso que Borges también tiene sus propios talismanes obsesivos, el aleph, el zahir, el libro de arena, el disco de Odín, etc… Objetos monstruosos que pierden al hombre. Lo mismo pasa en Poe.

Por último, nos queda el género de la poesía, que casualmente es el más interesante para acercarnos al Principio y Filosofía de Composición de Edgar Allan Poe.

Líricos: para Poe, la música, siguiendo su tradición romántica, es a la vez sublimación y brutalidad. Lo primero, cuando desarrolla poemas casi bíblicos como Silence y lo segundo, cuando está bajo el efecto de las drogas y el alcohol y cada ruido le es espantoso. Pero en términos generales, para Poe la música es la inspiración y forma de su ars poética. Es su métrica, como diría Roland Barthes.

Cosmogónicos: casi veinte siglos después de Parménides, en Norteamérica habría de nacer el otro gran poeta cosmogónico. Obviamente, estamos hablando del Eureka de Poe, que intenta explicar la naturaleza del universo, la atracción y repulsión de las moléculas, la razón de la Nada y la electricidad que nos mueve, en un gran poema verdaderamente cosmogónico, del que apenas se hizo un tiraje de 500 ejemplares para no vender ninguno.

Sin embargo, todos los géneros y sus tendencias, desembocan en un pensamiento central y perfectamente racional, mucho más que curioso al provenir esta tesis clásica de un poeta romántico:

  • No hay musa como tal. Son la razón y la lógica quienes construyen el esqueleto de la obra.
  • Toda palabra o línea debe ser absolutamente necesaria y justificada, porque lo más importante es la unidad y conexión de la obra, para generar un efecto más contundente en un lector ideal.
  • Se debe pensar en ese lector ideal, universal.
  • Nada es superfluo en la obra. Nada es fruto del azar.

No en vano, unas cuantas semanas de haber redactado The Raven, Poe pronunció una conferencia en Boston explicando fríamente su razonamiento inicial. Veámoslo por pasos, al mejor modo de una receta de cocina:

  1. Quiere escribir un poema fácil de recordar.
  2. Busca las vocales y consonantes más sonoras del inglés.
  3. Descubre que todas están en una palabra: nevermore.
  4. Esa palabra debe repetirse en todo el poema. Piensa que la puede repetir un loro, pero un cuervo le parece más digno.
  5. ¿Dónde situar al cuervo? Como es negro, para que combine y resalte, lo ubica sobre el blanco busto de Palas Atenea.
  6. Obviamente, el busto debe estar en una biblioteca. Pero, ¿quién se acerca por la noche a una biblioteca?
  7. Responde: un temperamento taciturno, triste. Alguien está triste en una biblioteca vacía.
  8. ¿Por qué triste? Razonemos: ¿qué entristece más a un hombre? Fácil: la pérdida irremediable de su gran amor, de la mujer de sus sueños.
  9. ¿Pero qué nombre recibe esa mujer finada?: Leonore, para que rime internamente con el estribillo de Nevermore.
  10. Ahora, ¿cómo hacemos para que se repita constantemente el estribillo? Simple: el hombre triste se atormenta preguntándole al cuervo sobre su amada, y el ave “de la rivera plutónica” invariablemente responde: nevermore.

En diez pasos está la receta de cómo hacer uno de los mejores poemas de Estados Unidos, por su propio autor para explicar su proceso creativo. Únicamente le faltó rematar: Usted también puede hacerlo en casa, siguiendo las instrucciones. Obviamente, quienes aman a Poe, saben que en verdad su razonamiento creativo no es así. Simplemente era un hombre vanidoso intelectualmente y quiso darle más pompa a uno de sus poemas. Bástenos recordar su primera línea de Eureka: “a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades, ofrezco este libro de verdades…”

No le despreciemos por ese gesto vanidoso, propio de cualquier genio. Ni qué decir de Heggel, Nietzche, el mismo Platón y hasta San Pedro y Santo Tomás. Todos adolecen de vanidad intelectual. Poe también.

 

El maelstrom…

El proceso creativo de Poe es claro al respecto: se parte de un razonamiento rigurosamente matemático, el cual luego tiene distintas expresiones, cada una barnizada y elaborada de tal modo que parezca fruto de la inspiración, cuando es totalmente lo contrario.

Alguien amordazado a punto de arrojarse en la oscuridad a un pozo sin fin.

Un desdichado de ojos desorbitados emparedando el cadáver aún caliente de su mujer.

Otro no puede dormir porque a su lado tiene una caja llena de dientes y seca sangre.

En una biblioteca un infeliz ha perdido su alma ante un cuervo demonio que le niega toda posibilidad de encontrarse con su amada.

Y el mar se hunde brutal y diabólicamente majestuoso contra sí mismo, estallando implacable en el maelstrom.

Ese es mi legado personal de Poe.

Y también mi infinito agradecimiento.

 

 

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