LA VENGANZA Y EL JUEZ

Cuentos cortos

Las estatuas

Media noche en la plazoleta.

Los estudiantes miran, ebrios y divertidos, las gárgolas de piedra con sus terribles rostros de demonio que rodean la fuente central.

Una bella joven se acerca a una de ellas y sonriendo la besa en la boca. En ese preciso instante, la gárgola abre sus muertos ojos de piedra únicamente para ver cómo su aterrada bienhechora se petrifica en segundos.

La monstruosa gárgola extiende sus alas y sin mostrar agradecimiento o misericordia, emprende el vuelo sobre la ciudad y bajo la noche sin luna.

Amanece.

Cae la lluvia sobre la estatua de una mujer con su grito congelado desde la piedra.

Como oscuros carceleros, las demás gárgolas de la plazoleta vigilan a la mujer de piedra que arroja una triste sombra.

 

Los parricidas

Una mujer sueña que es un tigre recostado bajo la luz de la luna.

Ignora que esa misma noche sus propios hijos sueñan que son cazadores.

 

El enamorado

El hombre se vuela los sesos con un revólver.

Cae.

Cree que está muerto.

Abre los ojos dentro de ese insomnio de amor, que le calcina los huesos más allá de la muerte.

Y triste sigue pensando en ella.

El extraviado y su laberinto

El teólogo emprende la búsqueda de Dios a través de un laberinto.

Al cabo de los años, tras perderse en cientos de corredores, verse reflejado en mil espejos falsos y abrir todas las puertas que conducen a la nada,  regresa el teólogo a su punto de partida, envejecido y ciego.

Al final, descubre que Dios es el Laberinto mismo y cada uno de los extraviados.

 

La semilla circular

El musulmán soñó la semilla.

Al día siguiente, Alá le otorgó el jardín.

Pero mucho antes que el musulmán soñará la semilla, Alá soñaba con el musulmán.

 

 

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