LA VENGANZA Y EL JUEZ

El héroe traicionado

 

En el comienzo de los tiempos, los dos magos más poderosos de la India se habían declarado una guerra implacable y a muerte. Uno de ellos encarnaba al Bien y el otro al Mal. Quien derrotara al otro, se coronaría como el dueño absoluto de la India.

Pero en esa guerra llevaban años y algunos dicen que hasta siglos. Habían combatido en todos los escenarios posibles, en la profundidad de los bosques, en la frialdad de las nieves y hasta bajo el sol del desierto.

Lo cierto es que ningún mago había podido derrotar al otro, porque ambos tenían la misma fuerza, el mismo poder y los mismos trucos. Y para desgracia mutua, también el mismo rostro. ¿Dije que eran gemelos? Sí, definitivamente lo eran. Tanto como lo son dos gotas de agua. Solamente una cosa diferenciaba a estos dos terribles magos. Al malo le temían los animales y evitaban su presencia a toda costa.

Por eso un día, el Mago Bueno decidió acudir al Héroe de la India para pedir su ayuda. Necesitaba su legendaria espada para dar fin a esta guerra. Así se encaminaron los dos en búsqueda del Mago Malo. Escalaron montañas, atravesaron bosques y navegaron caudalosos ríos. Hasta que llegaron al frente de su guarida.

Sin cruzar más palabras, el Mago tomó la espada del Héroe y se internó en aquella guarida, llena de sombras y de peligros.

Antes del amanecer, regresó el Mago evidentemente cansado. Arrastraba la espada empapada en sangre.

“Todo ha terminado. Mi enemigo ha muerto”, suspiró con alivio.

En ese terrible instante, el Héroe vio cómo las serpientes esquivaban la pisada del Mago.

 

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