LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

EL APRENDIZ DE BRUJO

Bajo la sombra de un alto olmo de un solitario patio escolar, se agacha un niño de ropas anticuadas y unos diez años para recoger un pájaro muerto a pedradas.

Parece una mirla o una torcaza.

Casi más con curiosidad académica que con piedad humana, el aprendiz acerca ese retorcido amasijo de plumas negras a su boca para susurrar una palabra.

O tal vez dos.

Desde sus manos cóncavas, el pájaro abre sus ojos con asombro, extiende sus alas y continúa su vuelo, como si la muerte fuera apenas una siesta bajo el sol.

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