LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

EL CERREJÓN

El grupo de mineros había avanzado infructuosamente por todos los vericuetos del oscuro socavón.

De repente se encontraron con un antiguo demonio, sentado sobre una excelente pila de carbón.

El demonio los miró con cierta dulzura paternal. Detallando sus cascos con lámparas, sus caras ennegrecidas, sus manos toscas y, sobre todo, esa alma miserable y hambrienta que los hacía abandonar sus casas en la superficie para bajar hasta aquellas profundidades infernales por unas cuantas pepas de carbón.

Sonriendo siempre, el demonio les dijo una palabra en la lengua antigua de los ángeles, que podría significar como “bienvenidos” o “liberados sean”.

Al escucharla, los mineros empezaron a masacrarse unos a otros con sus picos y azadones. Como enloquecidos cuervos que se matan a picotazos para evitar el invierno.

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