LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

EL OSCURO ARTE DE LA SERENIDAD

En la oscuridad de un apartamento vacío, un monje budista está sentado con la serenidad de una flor de loto, mientras con su respiración profunda se sintoniza con el silencio del universo y su tiempo cósmico.

Alrededor suyo avanza un creciente manantial de sangre que desciende de su rostro vacío y su cuerpo desnudo hasta las vasijas de barro en donde reposan sus sangrientas ofrendas.

En el primero está su lengua, que confunde y miente, porque todo lenguaje busca sobreponerse a la realidad misma.

En el segundo, sus globos oculares que están cegados de nacimiento al mundo espiritual y sólo conocen de formas y apariencias.

En el tercero están sus genitales, que con su placer individual distraen del pensamiento puro y el amor colectivo.

Y en el cuarto, los pulpejos con sus huellas digitales que ilusionan sobre una identidad y un “yo” que jamás existe.

Unidos con su serena respiración, un par de demonios tocan suavemente con sus zarpas unas largas flautas japonesas.

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