LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

EL OSCURO MAESTRO

Cuando el Hombre todavía recordaba haber caminado a cuatro patas en alguna caverna, el Demonio de Muchas Formas en Muchos Tiempos, le enseñaba el álgebra y el lenguaje trazando con su báculo figuras en la arena, para iluminar la mentira y la confusión; le señalaba con su mano garfiada las estrellas y las constelaciones en la noche, para impulsarle a navegar e incendiar otras orillas; y también le trazaba con su pezuña los círculos del arado y la cosecha.

Como un abuelo descastado que acaricia los cabellos desordenados de su nieto, bajo un firmamento en constante guerra, así el Demonio le decía a su joven Hombre:

“no apagues nunca ese fuego de estrellas /

no calmes jamás esa hambre de cielo / hijo mío /

porque ese fuego y esa hambre recuerdan la patria perdida”.

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