LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

EL VELO

Cada equinoccio, a las diez de la noche, en una iglesia cerca del norte de la autopista en Bogotá, rodeada de enfermizos jardines, sucede un profundo misterio.

Sin ningún aceite o fuego que la aliente, se levanta una larga llamarada azul sobre la pila bautismal de agua bendita.

Como una blasfema e imponente cobra, la llama sisea antiguas palabras fenicias y proyecta sombras infernales contra las paredes y vitrales de la nave de la iglesia.

Al cabo de unos largos minutos, el alma cansada de ese demonio extingue su luz y regresa nuevamente a la caverna del sueño, ocultando su lepra tras un velo púrpura.

error: El contenido está protegido.