LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LA EPIFANÍA DE LA SANGRE

Sobre la peluda piel de una oveja destrozada y tumbada de lado, se levanta la cara rota y ensangrentada del esquelético vampiro que la ha estado devorando.

Hay algo en el sabor de la sangre que le hace recordar con verdadero dolor físico cierto dulce de la infancia cuando estaba vivo, conectándolo con una constelación de la memoria: una pelota de colores, una maleta de cuero con algunas letras, un zaguán lleno de hortalizas y la voz de una mujer que lo llama en la distancia.

Pronto la epifanía se diluye en su cerebro muerto con la velocidad de un relámpago desapareciendo en la oscuridad, la niebla sigue bajando entre los bosques de pinos de Boyacá y el monstruo sigue devorando a su oveja muerta.

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