LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LA PERSECUCIÓN

Justo cuando ya el atardecer se hacía noche, el granjero divisó desde lejos a un vampiro de largas alas descender como una sombra de los árboles, mientras sonreía con su boca vertical.

El granjero corrió a toda prisa entre los pastizales hasta alcanzar a su esposa y a su hijo que recogían curubas y guayabas. Sin mediar palabra, entraron a la hacienda pasando la puerta con candado.

Siguieron corriendo por el comedor hasta salir al patio lleno de árboles frutales, y no pararon hasta llegar al último cuarto hecho de ladrillos para guardar carretillas y palas, que cerraron con una pesada cadena.

En algún punto del piso de tierra, el hombre levantó una aldaba para descender al sótano en donde almacenaban los sacos de grano y café, y ahí fue en ese espacio oscuro y mínimo en donde se escondió junto con su esposa e hijo.

También fue ahí en esa oscuridad, cuando escuchó detrás suyo un sonido áspero que parecía una risa o un aleteo.

 

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