LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LAS BALLENAS

Los antiguos fenicios decían que algunos navegantes confundían el oscuro lomo de las ballenas con pequeñas islas, y en ellas se instalaban armando tiendas para dormir, hacían fogatas y se olvidaban del resto del mundo.

Hasta que el monstruoso cetáceo se daba la vuelta, llevando consigo a sus invasores hasta el fondo del mar.

Lo mismo sucede con algunas casas viejas, cuando alguno de sus inquilinos se despierta a las 3 de la madrugada y siente como si abriera los ojos por primera vez en otra dimensión.

Las bisagras de las puertas rechinan lentamente y la madera del piso cruje con el frío de la noche.

Los vidrios vibran en una notación aguda contra el marco de las ventanas. Se hace opaco el cristal de los espejos evitando cualquier reflejo.

Escurren pesadas las gotas de agua entre las tuberías, como si la casa misma retuviera su fantasmal respiración.

Y así, hasta cuando la casa–ballena se despierta, dando un coletazo brutal y llevando consigo a sus inquilinos hasta el fondo del horror.

 

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