LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LAS BRUJAS EN LOS LLANOS

Temiendo por su vida y la de sus nietos, una mujer anciana apaga con un chasquido la luz de la veladora, mientras los abraza y se acomoda en silencio en una poltrona de la casona que habitan.

Aguza todos sus sentidos como si temiera una amenaza invisible.

Temblando así, escucha el rasguñar de las patas afiladas de las brujas arrastrándose como inmensas mariposas chapoleras sobre el tejado de su casa, olfateando con fuerza el olor de los corazones de sus nietos, rojos y dulces como manzanas de verano, mientras se relamen el rostro carnicero con esas dobles-lenguas que agitan membrudas hacia la luna llena.

 

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