LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LOS PUENTES

Como un animal estático y con los ojos encandilados, así mira el gul las luces de los automóviles que pasan veloces al lado del arco del puente donde habita esta noche.

Desde la oscuridad, se yergue sobre sus largas ancas mientras sostiene del hueso un brazo roído.

El monstruo detiene su mirada en los Cerros Orientales cerca a la circunvalar, aspira bruscamente el aire de las montañas que se cortan contra los puentes del centro de Bogotá, como quien recuerda por un instante una vida anterior.

Escucha de fondo al resto de su manada repartirse a zarpazos las últimas entrañas de un desafortunado estudiante perdido, cuyas ropas deshechas flotan en un charco negro cada vez menor.

Algunos gules lamen la sangre directamente del asfalto.

 

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