LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

LOS QUE RETORNAN

Hay amaneceres calurosos en los que, desde el puesto de vigilancia de la Brigada de Tolemaida, se ven bajar entre las aguas rápidas del río Sumapaz una procesión de cadáveres rotos y descompuestos de soldados y de guerrilleros, que se van hundiendo lentamente hasta el fondo, convirtiéndose en comida de pescados y pequeñas babillas.

Pero también hay noches de sofoco inundadas por el llanto de los grillos y el aleteo de las cucarachas, en que se ven algunos cadáveres levantar su mirada vacía, apoyarse en sus muñones sobre la orilla fangosa del río, y caminar cabizbajos cuesta arriba al monte, como motivados por la inercia de volver a la guerra, el único hogar que conocen.

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