LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

UN ANTIGUO RITUAL

Como siguiendo una orden anterior a los días de la humanidad misma, la anciana se despierta a las tres de la madrugada.

Camina despacio y envuelta en su ruana de lana de oveja hasta la pesada mesa de madera.

Se sienta en su poltrona mientras fuma lentamente un grueso cigarrillo de extrañas hojas, aspirando su humo una y otra vez, como repitiendo una salmodia.

Finalmente, la anciana deja sus ojos en blanco y suelta una larga bocanada de humo contra el techo de la sala a oscuras.

A medida que la humareda desciende como una blanca lluvia, va adquiriendo la forma de un traslúcido calamar prehistórico que arrastra sobre las baldosas sus largos tentáculos también de humo.

Como el cangrejo que deja la inútil concha para ir a cazar en la noche del mar, así el ser de humo abandona la carne para caminar entre la neblina de las heladas tierras cundinamarquesas.

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