LAS 50 MONEDAS DEL BARQUERO

WALPURGIS

Hay una vereda en el Tolima que ningún llanero camina de noche.

Dicen que perteneció a un indígena zambo de apellido Venancio, pero ya nadie la cultiva y sólo quedan osamentas de ganado entre la tierra, cubierta por una maleza amarilla, como si desde el cielo hubiera sido quemada de un modo parejo.

En el centro de la vereda hay una casa de una sola planta, con muros de piedra y argamasa, donde lo más llamativo es su techo de tejas negras de zinc, en donde tiene trazados en pintura también negra unos extraños ideogramas y fórmulas geométricas.

Sin embargo, cada noche de Walpurgis sube un indígena al techo con una linterna.

Abre y cierra constantemente el haz de luz que proyecta hacia la inmensa bóveda nocturna, como dictando un código Morse.

Las estrellas responden al brujo con su diabólico titilar de luciérnaga, en un idioma inventado para los locos y los muertos.

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