TRECE AQUELARRES

LA HORDA

 

Sobrevuelan en apretados y negros círculos,

Cientos de aves de rapiña sobre la lenta marea,

Como celosas brujas en mitad del aquelarre,

Sobre los cráneos de los muertos que caminan.

 

Como insomniacos de la eternidad

Los muertos caminan con los ojos abiertos,

Como fantasmagóricas peceras.

Como planetas que mueren en el éter.

Como barcos sin ratas ni capitán,

Los muertos caminan dando tumbos y sin caer,

Arrastrando los brazos a medio despedazar,

Como torpes albatroces en tierra,

Como aspas de molinos incendiándose,

Como ebrios por el olor de la sangre.

 

A modo de infernal aureola, millones de moscas,

Con sus vientres satisfechos de carne muerta,

Y sus temblorosos anillos verdes y rojos,

Revolotean las costillas abiertas de los muertos,

Como oscuras gárgolas en la bóveda de una catedral.

 

Caballos y reses saludan el paso de la horda.

Golpean la tierra con sus cascos, como ante un temblor.

Las bestias miran con ojos agigantados de miedo

A los descendientes del sepulcro y la corrupción

Avanzando lentos como barcos abandonados,

Que con el vaivén de la marea llegan hambrientos

A cualquier puerto, a cualquier festín.

 

 

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