LA HIDRA

La promesa y los caballos

Escucho galopar caballos en la arena, en el cielo.

La huella de sus cascos se pierde como espuma de mar.

Persigo aquellos Pegasos en el laberinto del sueño,

Donde el tiempo es magia y ningún rostro tiene nombre,

Donde mis huellas no delatan el paso de un hombre,

Sino que son livianas, de gaviota o niño,

Como prestas a levantar vuelo.

 

Esos caballos alados que persigo en mi sueño

Custodian tesoros que el oro no puede tasar.

Por eso les persigo implacable.

Allí están los juguetes y los días perdidos:

Un elefante de hule, una pista de carros y un par de patines.

 

Escucho galopar caballos en la arena, en el cielo.

La huella de sus cascos se pierde como espuma de mar.

Persigo aquellos Pegasos en el laberinto del sueño,

Donde el tiempo es magia y ningún rostro tiene nombre,

Donde mis huellas no delatan el paso de un hombre,

Sino que son livianas, de gaviota o niño,

Como prestas a levantar vuelo.

 

Durante algún sueño, en alguna playa sin nombre,

Un caballo dejó caer una moneda de chocolate,

Igual a las que entrega la almohada por cada diente de leche.

Desde entonces, mis huellas se multiplicaron en la playa,

Persiguiendo las plumas de mis incansables caballos.

 

Llevo años enteros soñando

Para alcanzarles y recuperar el tiempo perdido:

Un balón suspendido en el aire. Las galletas aún en el horno.

Una tarde de lodo a pleno sol. Una siesta que no termina.

Una rayuela infinita en una calle también infinita.

Un avioncito de papel que no se decide a caer.

Una navidad que no se decide a ser enero.

Una lluvia que no ha escampado en el patio de la casa.

El dibujo a crayones sin terminar de una casa o un tigre.

Algo que me quiso decir mi abuelo y nunca supe qué.

Cada vez estoy más cerca de mis caballos,

Cada vez estoy más viejo y les ansió más.

No importa. Al amanecer,

Una moneda de chocolate en mi mano

Promete devolverme el Paraíso.

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