LA HIDRA

Paraíso conjetural

I

 

Un solo minuto, exacto e innegociable,
Se te concede para vivir a solas el paraíso.
Ese feliz minuto se te concederá a cuentagotas
A lo largo de tu vida, y no sabrás si lo vives o sueñas,
Porque la felicidad no distingue el duermevela.

Ese minuto de felicidad se cuela
A través de las rendijas de la cotidianidad,
Como un fino brillo atravesando los barrotes,
Perdiéndose dulce y cansado en la oscuridad:
El primer sabor del agua al despertar,
El tiempo detenido en un abrazo largamente esperado,
El olor profundo de la albahaca en la carne recién guisada.
La dicha de ver la luna en la noche plena, furiosa y dorada.
El estremecimiento en un acorde de guitarra.
Cada instante lo cuenta Dios como parte del asignado minuto.

Durante cinco años vi el delicado amanecer que jamás pintó Turner.
Sumergido en agua, comprendí el sol de Van Gogh, líquido y violento.
También besé los ojos de una mujer que Boticcelli no pudo conocer.
A través de mis ojos siguen mirando muchos muertos.
Esas dichas, momentáneas y fugaces,
Suman el minuto de mi paraíso personal.

En el paraíso toda sensación se confundirá con el pensamiento.
Todo muerto podrá soñar su propio paraíso.
Todas y cada una de las aves serán simples extensiones de nuestra mirada.
¿Podré, entonces,
Soñar tu boca con el color exacto del beso?

 

II

 

 

Desde un comienzo nos imponemos la ardua tarea de ser felices,
Como el oscuro y secreto deber de viajar a otra patria.
Al igual que tú, he sido dichoso y amargo en un mismo minuto.
También me cuestiono y trato de responderme con sinceridad
Sobre el curso y razón de los días que me concede el mundo.
Con el tiempo comprendí que la felicidad
Se esconde en el cotidiano laberinto de nuestros días.
Por eso nunca damos con ella, porque la vemos constantemente,
Pero estamos predispuestos a que sea distinta a todo lo visto.

Muchas tardes busqué un libro que me tocara el corazón
Y agoté bibliotecas, librerías y catálogos.
Tarde hallé en mi casa el libro que quise leer y hubiera querido escribir.
Cada vez que lo iba a abrir, me decidía por otro volumen o alguna relectura.
A un escritor se le conceden algunos temas para construir su obra,
Oscuramente evito el que me permitirá mi mejor página.
Durante años busqué una mujer para enamorarme y enamorarla.
Uno espera que el amor sea algo distinto y sorprendente.
Pero puede ser silencioso como una lluvia o un sol.

El rostro de esa mujer ya lo has visto,
Pero no parece distinto al de otras.
Cada tantos días aparece en los recodos de tu cotidianidad:
Un restaurante común, la fila del bus o una conferencia.
El libro que nos compartirá una revelación está oculto en el repasado anaquel.
El poema que dará sentido a mi vida aún no surge del tintero.
La multitud pierde a mi amor como el agua bajo el agua.
Silencioso río subterráneo,
La felicidad ronda nuestra cotidianidad
Como el agua y las frutas
Rondan la sed y el hambre de Tántalo.

 

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